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Dimensión corporal

Dialogando con mi realidad física

Todas las filosofías y religiones contemplan tradicionalmente al ser humano como formado al menos por dos elementos: un cuerpo y un alma.

Nuestro cuerpo es lo más obvio de nuestra persona. Podemos creer o no en la realidad de un alma, pero nadie duda de que es un “cuerpo”. De allí la importancia central de esta dimensión física o corporal.

Somos cuerpo, y este cuerpo es un gran regalo de la Vida. No lo hemos elegido. Podemos cambiarlo un poco, mejorarlo, evitar algunas de sus tendencias genéticas naturales, optimizar su fisiología con unos ritmos de vida sana… Es un regalo maravilloso que hemos de cuidar. Por eso es importante conocer bien nuestro cuerpo y amarlo.

La dimensión física-corporal se ocupa del cuerpo del ser humano en la interacción consigo mismo. También de la posibilidad que tiene el ser humano de manifestarse a sí mismo desde su cuerpo y con su cuerpo y de generar y participar en todo tipo de procesos que precisan de interacción física, como la relación con los demás o el trabajo manual.

Nuestro cuerpo es la base fundamental del resto de las dimensiones, siendo el cerebro el órgano primordial de muchas de ellas: la psicológica, la sexual, la social, la comunicativa-lingüística, la cognitiva, la estética… Contiene, además, muchas otras dimensiones secundarias en sí misma: la genética, la fisiológica, la higiénica, la dietética, la psicomotriz…

Nuestro cuerpo, a ojos vista, crece, madura, desarrolla nuevas capacidades con el esfuerzo y el ejercicio, genera cambios mediante el trabajo físico, enferma, sana, se reproduce… Es, además, el vehículo más importante de la comunicación, del afecto, de la creatividad…

El desarrollo de la dimensión corporal implica, entre otras acciones: cuidar del propio cuerpo; respetar el propio cuerpo sin prácticas que lo enfermen; practicar hábitos de vida saludable; desarrollar armónicamente la corporalidad; y cultivar habilidades y capacidades físicas, deportivas y artísticas.

Todo ello, además, desde una perspectiva del cuidado del cuerpo de los demás. Cuanto más conocemos nuestra propia corporalidad, mejor podemos interactuar con los demás desde el cuidado y el respeto.

En nuestro diario personal es importante dialogar con nuestro cuerpo, hacernos mas y más conscientes de nuestra corporalidad, de nuestra dimensión física. He aquí algunas sugerencias para explorar ese autoconocimiento mediante la disciplina del diario y hacer listas, lluvias de ideas y reflexiones escritas:

SUGERENCIAS PARA DIARIAR…

  • ¿Cómo veo mi cuerpo? ¿Qué grado de satisfacción tengo con mi cuerpo? ¿Me acepto como soy? ¿Me veo bien o, al contrario, deseo cambiar mi realidad física? En una escala del 0 al 10, ¿qué puntuación doy a mi «cuerpo»?
  • Haz una lista de al menos cinco cualidades físicas positivas que tienes. Si te echaras a ti mismo un piropo, ¿qué te dirías? Haz también un listado de al menos cinco cualidades «negativas» que observas en tu cuerpo, aunque te cueste un poco ponerlas por escrito.
  • ¿Cómo estoy desde el punto de vista médico? ¿Me resisto o pospongo ir al médico? ¿Recibo asistencia regular para revisiones y seguimiento? ¿Qué dolencias o enfermedades tiendo a padecer con frecuencia, de forma repetitiva? ¿Cuáles son mis «talones de Aquiles», los puntos sensibles o débiles de mi cuerpo? ¿Estoy sufriendo ahora una enfermedad concreta? ¿Estoy esperando algún tipo de intervención quirúrgica o la necesitaré en el corto plazo? ¿Qué medicación tomo de forma regular?
  • ¿Soy consciente de mi herencia genética? ¿Conozco las posibles tendencias de mi organismo a manifestar habilidades o capacidades especiales o a enfermar de determinadas dolencias congénitas?
  • ¿Qué hago para cuidarme, para mantener la salud, para potenciarla a largo plazo? ¿Creo que llevo una vida sana? ¿En qué puedo mejorar?
  • ¿Cuál es la calidad de mi dieta? ¿Creo que como de forma realmente saludable y equilibrada? ¿en qué debería mejorar y me comprometo a hacerlo?
  • ¿Tengo algún tipo de hábito o adicción que perjudica mi salud? ¿Duermo bien, como adecuadamente, evito excesos en el consumo de alcohol, drogas, fármacos…? ¿Qué me falta para comprometerme más con este cambio de hábitos?
  • ¿Cómo es mi sueño? ¿Me acuesto a una hora adecuada? ¿Evito actividades demasiado excitantes antes de ir a dormir? ¿Cuántas horas duermo de media? ¿Duermo bien, con un sueño prolongado y reparador? ¿Me despierto con frecuencia a media noche? ¿Qué hago para mejorar mi descanso?
  • ¿Hago suficiente ejercicio o llevo una vida muy sedentaria? ¿Practico algún deporte o actividad física en exceso, con peligro de lesionarme? ¿Debo plantearme algún cambio, de forma seria, en estas rutinas?
  • ¿Cómo es mi higiene, en todos sus aspectos: corporal, dental, posicional…? ¿Estoy satisfecho/a con la calidad y frecuencia de tu baño, higiene dental, cuidado de la piel y las uñas, el lavado de manos, la desinfección de productos tóxicos o perjudiciales que utilizas en tu trabajo…?
  • ¿Cómo es tu higiene mental? ¿Crees que hay determinadas ideas, prejuicios o formas de pensar que te afectan físicamente? ¿Crees en las enfermedades o dolencias psico-somáticas? ¿Has sufrido alguna? ¿Has mejorado esa higiene mental? ¿Puedes hacer algo al respecto?
  • Dialoga con tu cuerpo. Escribe una carta con tus sentimientos, tus expectativas, tus arrepentimientos, tus miedos y deseos. Dirígete a cada parte de él dando gracias por lo que cada órgano supone en tu vida. Haz las paces con tus limitaciones, dolencias y enfermedades, algo que te ayudará a sanar y a sentirte mejor.
  • ¿Qué sería mi cuerpo si fuera… un paisaje, un país, un animal, una flor, una canción, un deporte, un monumento, un cuadro, una receta de cocina…? ¡Mira tu cuerpo de una forma subjetiva y sorpréndete!