Hay libros que no se pueden leer de seguido. A la tercera página, una tiene el alma tan encogida que debe dejarlo para rumiar el sentimiento que le produce su lectura…
Este es el caso del diario del Padre Gumersindo de Estella (1880-1974), fraile capuchino que asistió a muchos presos y presas condenados a muerte de la prisión de Torrero (Zaragoza) desde 1936 hasta 1940. Tras muchas vicisitudes, fue publicado en año 2003 por Mira Editores, Zaragoza, con el título «Fusilados en Zaragoza 1936-1939: Tres años de asistencia espiritual a los reos», editado por Tarsicio de Azcona y José Ángel Echeverría.
La publicación de las memorias del P. Gumersindo, donde relata su labor de asistencia espiritual a reos, se consiguió tras más de cincuenta años de espera y cumplió así el deseo del autor de dar a conocer su testimonio. También supone un acto de justicia hacia las víctimas de la represión política y sus familias, al aportar una verdad que en aquel tiempo no pudo hacerse visible. Gracias a estos diarios, muchas familiar conocieron, décadas después, cómo habían sido los últimos momentos de sus seres queridos.
Un fiel escritor de diarios
El P. Gumersindo, escritor empedernido de diarios desde que tenía veinte años, dejó cinco de ellos especialmente dedicados a relatar su ministerio pastoral en Torrero. Algunos días no podía dar detalles, pero en otros se explayaba para dejar un vívido retrato del reo, sus datos personales, la causa de su sentencia y cómo reaccionó a la labor pastoral del capuchino. La inmensa mayoría de quienes hablaron con él terminaron confesándose y comulgando antes de ser trasladados a las tapias del cementerio. El fraile relata con gran dolor cómo cayeron y cómo les daba la absolución antes de recibir el tiro de gracia. En algunos casos tuvo que contactar con las familias después para darles la triste noticia.
Una fuente histórica imprescindible
Durante la Guerra Civil fueron ejecutadas en Zaragoza 3.096 personas, a las que se sumaron otras 447 durante los años de la posguerra. En total, 3.543 hombres y mujeres —entre ellos menores de edad y personas ancianas— acabaron frente a las tapias del cementerio de Torrero entre el 19 de julio de 1936 y el 20 de agosto de 1946.
Estas memorias constituyen un valioso documento histórico sobre la Guerra Civil y la posguerra. En ellas se muestra cómo muchas ejecuciones se debieron a venganzas personales o motivos políticos, mediante juicios sumarísimos sin garantías de defensa. El único “delito” de muchos condenados y condenadas era ser socialistas o republicanos. Pero también hubo entre los fusilados muchos «católicos de toda la vida», gente que fue simplemente delatada por algún vecino por motivaciones económicas o con el deseo de subir en el escalafón social del régimen franquista.
No a una Iglesia aliada con el régimen
Otro aspecto destacado es la postura del P. Gumersindo, profundamente afectado por el sufrimiento ajeno y crítico con el apoyo de parte de la Iglesia al nuevo régimen. Aunque permaneció fiel a la Iglesia, defendió la neutralidad eclesial, rechazó la guerra como solución a los conflictos y apostó por la reconciliación entre los españoles.
En 2014, el Ayuntamiento de Zaragoza le rindió homenaje dedicándole una plaza en el cementerio de Torrero, lugar de los fusilamientos. La reedición de sus memorias, en aquel mismo año, contribuyó a recordar aquellos hechos y a evitar que episodios de violencia y odio semejantes vuelvan a repetirse.


