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12 ejercicios de diario espiritual

Las siguientes entradas del diario van a ahondar de forma especial la conciencia sobre la presencia de Dios en nuestras vidas.

    Escribe una oración pidiendo luz al Señor para que Él te ayude a descubrirle mejor en tu vida, a encontrar y discernir mejor los susurros de su paso en tu existencia, a ser consciente de cómo ha estado siempre presente en tu camino. Te puede servir meditar un poco en esta oración del día de Pentecostés que nos recuerda la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

      Ven, Espíritu divino,
      manda tu luz desde el Cielo.
      Padre amoroso del pobre;
      don, en tus dones espléndido;
      luz que penetra las almas;
      fuente del mayor consuelo.

      Ven, dulce huésped del alma,
      descanso de nuestro esfuerzo.
      Tregua en el duro trabajo,
      brisa en las horas de fuego,
      gozo que enjuga las lágrimas
      y reconforta en los duelos.

      Entra hasta el fondo del alma,
      divina luz, y enriquécenos.
      Mira el vacío del hombre
      si tú le faltas por dentro;
      mira el poder del pecado
      cuando no envías tu aliento.

      Riega la tierra en sequía,
      sana el corazón enfermo,
      lava las manchas, infunde
      calor de vida en el hielo,
      doma el espíritu indómito,
      guía al que tuerce el sendero.

      Reparte tus siete dones
      según la fe de tus siervos.
      Por tu bondad y tu gracia
      dale al esfuerzo su mérito;
      salva al que busca salvarse
      y danos tu gozo eterno. Amén.

      En cada etapa de tu vida tú te has relacionado con Dios. Pero también con tu imagen de Dios, cómo era Él para ti (no como es en verdad). ¿Qué imagen de Dios tenías en cada etapa de tu vida? (Ej: Poder oculto, magia, juez, rey, anciano sabio, padre, …). ¿Qué imágenes, de éstas, ya no las aceptas porque crees que son pueriles, inadecuadas, idolátricas, manipuladas,..? ¿Cuáles siguen siendo válidas?

      Haz una lista de las personas que más te han ayudado en cada etapa a descubrir a Dios, las que te han “pintado” a Dios de una manera u otra para que tuvieras las imágenes que has tenido de él, etc. Las que te han dado un testimonio claro de compromiso cristiano, verdaderos discípulos y discípulas de Jesús. Las que te han escandalizado y que ahora quieres mirar sin juicios, con los ojos de Dios.

      Recuerda algún pasaje de la Biblia, en especial los Evangelios, que te ha servido de norte a lo largo de tu camino: una frase de Jesús, una escena de su vida, etc.
      Para San Francisco de Asís, por ejemplo, fue la lectura del versículo de Mateo 10,7-10. Este pasaje fue escuchado por Francisco durante una misa y lo interpretó como una orden directa de Dios para vivir en la pobreza absoluta. Los versículos clave dicen:

      “Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca… No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el trabajador merece su sustento”. (Mt 10,7-10, Biblia de Jerusalén).

      “Que vayan a Galilea. Allí me verán” (Mt 28,10). La frase «Me verán en Galilea» es una cita bíblica del Evangelio de Mateo 28,10, donde Jesús resucitado instruye a las mujeres que encontraron su tumba vacía para que digan a sus discípulos que vayan a Galilea, ya que allí se encontrarán con Él, marcando un regreso al lugar de su llamada inicial y un punto de encuentro tras su resurrección.
      Es posible que en tu vida haya una clara “Galilea”, un lugar del primer enamoramiento con Jesús, de tu primera llamada. Date unos minutos para revisitar esa memoria. ¿Dónde fue? ¿Cuándo? ¿En qué contexto? ¿Cómo te sentiste entonces? ¿Cómo ha madurado esa elección, esa llamada de Jesús?

      Apunta brevemente algún acontecimiento de religiosidad popular positivo que recuerdes de cada período de tu vida: oraciones familiares, devociones, novenas, romerías, peregrinaciones, procesiones, cofradías… Uno puede ser la ofrenda de flores a la Virgen del Pilar, para lo aragoneses, la “javierada” para los navarros, las procesiones de Semana Santa para los andaluces o castellanos… O tu Primera Comunión y todo lo que la rodeó. Descríbelo. ¿Cómo lo viviste? ¿Qué sentiste? ¿Cómo lo valoras ahora a la luz de tu crecimiento en la fe?

      He aquí un breve relato de otra persona. Léelo con atención, cópialo en tu diario si quieres y coméntalo a la luz de tu vida.

      HUELLAS SOBRE LA ARENA

      Una noche en sueños vi
      que con Jesús caminaba
      junto a la orilla del mar
      bajo una luna plateada.

      Soñé que veía en los cielos
      mi vida representada
      en una serie de escenas
      que en silencio contemplaba.
      Dos pares de firmes huellas
      en la arena iban quedando
      mientras con Jesús andaba,
      como amigos, conversando.

      Miraba atento esas huellas
      reflejadas en el cielo,
      pero algo extraño observé,
      y sentí gran desconsuelo.
      Observé que algunas veces,
      al reparar en las huellas,
      en vez de ver los dos pares
      veía sólo un par de ellas.

      Y observaba también yo
      que aquel solo par de huellas
      se advertía mayormente
      en mis noches sin estrellas,
      en las horas de mi vida
      llenas de angustia y tristeza
      cuando yo necesitaba
      más consuelo y fortaleza.
      Pregunté triste a Jesús:
      «Señor, ¿Tú no has prometido
      que en mis horas de aflicción
      siempre andarías conmigo?
      Pero noto con tristeza
      que en medio de mis querellas,
      cuando más siento el sufrir,
      veo un sólo par de huellas.

      ¿Dónde están las otras dos
      que indican Tu compañía
      cuando la tormenta azota
      sin piedad la vida mía?

      Y Jesús me contestó
      con ternura y compasión:

      «Escucha bien, hijo mío,
      comprendo tu confusión.
      Siempre te amé y te amaré,
      y en tus horas de dolor
      siempre a tu lado estaré
      para mostrarte Mi Amor.

      Mas si ves sólo dos huellas
      en la arena al caminar,
      y no ves las otras dos
      que se debieran notar,
      es que en tu hora afligida,
      cuando flaquean tus pasos,
      no hay huellas de tus pisadas
      porque te llevo en Mis brazos».
      Autor: Anónimo   

      Escribe una carta a Jesús, como una larga oración. Cómo te encuentras ahora, porqué quieres pedir perdón, de qué das gracias, nuestras quejas o confusiones, a qué persona le presentas como los amigos del paralítico que rompieron el techo de la casa para llevar a su amigo…

      En cualquier momento puede apuntar en tu diario unos versículos que te han impactado en el día a día y los comentas. Haz este ejercicio ahora con los que has leído más recientemente… Coméntalos.

      En el evangelio de Luca, María canta al Señor por las qmaravillosoue ha hecho en su vida y en la Historia. Reescribe tú el Magníficat de tu propia vida, como en el texto de María (Lc 1,46-55).

      ¿Cuáles son mis santos y santas, aquellos cuya espiritualidad, carisma y testimonio han resultado una luz, un ejemplo, un empujón en mi vida? Escribe sus nombres.

      Y añade luego los nombres de tus “santos” particulares, personas que han fallecido en tu entorno familiar, social o eclesial que han vivido llenos de amor, entrega, servicio, generosidad, solidaridad… En la fiesta de “Todos los Santos” damos a entender que hay muchos santos anónimos, entre ellos esos a quienes tú invocas en tu letanía.

      En la “Comunión de los santos” creemos que ellos siguen allí, en la presencia definitiva de Dios, e interceden por nosotros. Invócalos en tu diario con alguna oración especial.

      Reflexionando con la famosa metodología de la Acción Católica para los grupos de Revisión de Vida. Nos lleva no solo a descubrir lo que hay que cambiar, sino a leerlo a luz de la Palabra del Dios y a emprender acciones para transformar la realidad.

      1. V E R – Describe algo que ves en ti o a tu alrededor que es significativo, que te afecta, que te escandaliza o preocupa. Una realidad con una carga moral, social, eclesial, solidaria, económica… Puede ser en ti o en tu entorno. Especialmente situaciones que tú puedes ayudar a transformar.
      2. J U Z G A R – Obsérvalo a la luz del Evangelio, la enseñanza de la Iglesia, la DSI (Doctrina Social de la Iglesia), los Derechos Humanos, tu propia intuición moral… Analiza cómo se relaciona esta situación o qué chirría con lo que sabes, has investigado, percibes o sientes. Pide luz al Señor. Discierne qué hacer, cómo, cuándo, con quién… para mejorar esta situación.
      3. A C T U A R – Escribe claramente tus decisiones en verbos activos. No digas “Yo debería…”, sino “Voy a hablar con… el día… y le voy a decir…”.

      Conforme vayas realizando tus decisiones, escribe entradas en tu diario haciendo un seguimiento de cómo se va transformando esta realidad.